Una joya de película con un Orson Welles que demuestra una vez más lo adelantado que estaba para su época.
Con pocos fondos, impedido de filmar en Praga (la ciudad natal de Kafka), como había planeado en un principio, por el gobierno comunista de la época, se vio forzado a filmar en varios paises, improvisando sobre la amrcha, especialmente con el set de la laberíntica casa de Hastler (interpretado por Welles mismo), para lo cual usaron una estación de trenes abandonada de París, Welles se las ingenió para realizar una obra maestra del humor negro... muy negro.
Es inevitable sentirse tenso al ver esta película, es increible lo bien que se transmite la impotencia de Joseph K. (el personaje principal interpretado por Anthony Perkins) y como uno se sumerje en la atmósfera oscura y trémula. Como siempre el trabajo de cámara es impresionante (una constante en los trabajos de Welles) con una interesante cantidad de planos secuencias y cámaras contrapicadas.
Excelente película!