
Sí, sí... Sabemos que Guillermo Del Toro, después de realizar la increible El laberinto del fauno es capaz de crear los mundos fantásticos que quiera y su único límite es la imaginación.
Si bien la película no deja de ser una más sobre super héroes tratando de salvar al mundo, en esta segunda película de la bestia roja ese tema queda en segundo plano, es una excusa para meter al espectador en un mundo fantástico que recrea a la perfección los cuadros de pintores flamencos como Brueghel o El bosco. Todos los personajes (salvo los héroes, claro, tomados del comic original) parecen salidos del infierno bruegheliano, del cuadro El triunfo de la muerte y otros tantos. La fotografía y la dirección artística, tanto vestuario como escenografía, están al servicio de mostrarnos ese tipo de imagen.
Para los apasionados de las fotografías cinematográficas pictóricas este es el gran film.
Eso sí, en cuanto a la trama, no se esperen la obra maestra... sigue los cánones del género sin mucha innovación narrativa.
Un deleite visual, obviamente... que en el cine se debe apreciar de una manera maravillosa.